"Nunca me gustaron las despedidas" dijiste dándome un beso y la espalda instantes después.
Y hoy "Crecer es aprender a despedirse".
Pues no sé, yo que quieres que te diga, no podía estar más de acuerdo, ni menos. Crecer es darse cuenta de que al final de la cuesta arriba hay algo, y si es tan difícil de conseguir pues que sé yo, quizás sea porque realmente es valioso, porque solo unos pocos afortunados, unos cuantos ilusos con la cabeza llena de sueños, consiguieron ver de que se trataba.
No sé, llámame loca, pero crecer también es aprender a luchar, a no rendirse, a intentarlo una y mil veces, porque quizás cariño, el premio merezca la pena.
Pero entiendo que toparse una y mil veces con esas arpías que son las barreras, que te comen la cabeza diciéndote que no puedes conseguirlo, que eso no es para ti; no debe ser fácil hacer oídos sordos en vez de ojos ciegos para ver que quizás esa valla no haga falta saltarla, que te puedes burlar de todos y pasarla por debajo, y así llegar a sus brazos, que te rodearan como si de verdad hubieses alcanzado el cielo.
Mira, no me hagas mucho caso, pero será mejor mancharte de barro mientras recorres el camino, que sentarte en un borde y ver pasar la vida. Que mejor llegar tú y todos tus compañeros (porque sí, nunca estarás solo, eso también te lo aseguro), que no llegar nunca... Y si no llegas será porque encontraste otro camino, ni mejor ni peor, pero con otra mano alrededor de la tuya.
Así que sí, crecer es aprender a despedirse, pero está en tus pies (entiende la metáfora) no dejar que quien de verdad te importa deje de caminar a tu lado; o que lo que realmente importa deje de estar en tu cabeza noche y día.
Pero tú crece, despídete si hace falta, incluso dame la espalda si es lo que te dice el corazón... Pero yo seguiré aquí. Toma mi sonrisa, es tuya si quieres.
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