“A veces se hace bola y no, nada
es como queremos”. Por esos días, o más bien esas noches de tumbarse en la
cama, solo, y mirar por la ventana echando de menos algo que no sabes que es.
Quizás se trate del frío que hay en la otra mitad de la cama, o de la soledad
de esas canciones con las que intento tapar el tic-tac del reloj y los latidos
de un corazón que parece no ser el mío.
Esta noche como tantas otras
llama a la puerta una vieja conocida, Melancolía. Y viene, como no, acompaña de
tantos recuerdos: la intención de sus ojos, la plenitud de su risa, los susurros
al oído de madrugada en una noche, como podía ser esta. La luna nos observaba
igual que hoy me mira y parece reírse de mí y de mi corazón vacío, armado y
escondido tras una máscara. Ahí y así es como siempre fue, antes de que llegase
para caminar a mi lado y guiarme lejos de este precipicio al que vuelvo a
saltar hoy.
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