Rutina. Una palabra tan mágica
como peligrosa. Volver a empezar, conectar, cambios, prisas, estrés… Y seguridad,
confianza, rencuentro. Siempre la misma historia, ese choque de sentimientos en
el que se debate siempre la misma lucha: ganas y añoranza.
Ganas de lo nuevo e intrépido de
esa gran ciudad, con todas sus metas y recovecos, sus locuras y esa gente tan
maravillosa y distinta. Y en la cara oscura todo eso que dejas atrás, y a ellas,
que son lo más bonito que tiene esta pequeña ciudad.
Pregunte donde pregunte siempre
oigo lo mismo, aunque estén enamorados de Madrid y de su fiesta: ir a Segovia
es volver a casa. Cada fin de semana cuando la veo no puedo evitar sonreír,
porque ella me ha visto crecer.
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